Relaciones: reflejos de amor o miedo

Me gustaría, Riddhi, que si seguimos adelante sea con esta premisa: ambos somos libres. Disfrutemos, aprendamos, vivamos con plenitud el tiempo que deseemos compartir. Si llega un momento en que sentimos la soledad en compañía del otro, es mejor que seamos honestos y lo expresemos abiertamente, sin temor a hacer sentir al otro herido, enfadado o desvalorado; menos aún, culpable. El viaje de Riddhi

La relación que mantengamos con nosotros mismos definirá el tipo de relaciones que atraeremos a nuestra vida.

Es cierto que esa relación matriz se verá afectada por cómo aprendamos a relacionarnos al seguir los patrones de nuestros padres; pero los padres no pueden ser culpables de nuestras responsabilidades toda la vida… Llegado un punto de madurez, hemos de reconocernos como responsables de quiénes somos y cómo nos relacionamos con otros seres; entendiendo seres como plantas o animales, por cuanto observando cómo interactuamos con ellos, podemos tener una idea más certera de cómo nos movemos con los humanos.

Una persona que ha madurado y así lo siente -que se respeta y se valora, que se alienta y se perdona, que se entusiasma y ríe cariñoso sus errores y torpezas- es capaz de vivir en soledad sin sentirse solitario; no teme estar a solas consigo, no lo evita, no le parece triste ni deprimente. De hecho, necesita y desea de cuando en cuando algunos periodos de soledad, donde “cargarse” de energía y liberarse de “peso muerto”.

Una persona que encuentra a otra que también ha culminado ese ciclo -el de la autoaceptación sincera y sentida-, pueden formar una relación que les enriquezca, que les profundice, que les enseñe, que les divierta, pero siempre bajo la premisa de la libertad individual, de la sensación de ligereza: de la amistad brindada, más que la necesitada.

En el otro extremo se encuentra la relación posesiva. Miedo es lo que la sostiene, y la creencia errónea de que hay algo o alguien afuera que puede aportar sentido o saciar unas necesidades y carencias… Es el “amor” que intenta dar inicialmente una imagen ilusoria de sí mismo, para luego, bajo el yugo de la convivencia, dejar a la luz la realidad de su treta. Es el “amor” que pide matrimonio con urgencia, como una seguridad con la que sellar su unión (por miedo a que con el tiempo el “amor” muera, y él/ella desaparezca.)

Más elevado aún que el amor está el don de la libertad. Cualquier intento de sostener al amor por poder, posesión o chantaje, está abocado a la muerte de ese sentir. Cuando se busca una pareja para evitar la soledad…, cuando se busca un compañero que comparta (o soporte) las cargas de la vida…, cuando se cree que hay alguien que ha nacido sólo para suplir nuestras necesidades y satisfacer nuestros deseos… ahí comienzan los problemas y las pegas.

Si dos personas se respetan a sí mismas, es muy difícil que en su relación existan grandes problemas. Cuando no funcione, se dirán adiós, agradecidos por la experiencia. Sin embargo, cuando lo que los ha unido no ha sido amor ni respeto, sino miedo y necesidad, todo puede ser, hasta que uno de ellos llegue a creer que el otro no es un ser libre sino una cosa que le pertenezca, e intente acabar con ella.

Nadie tiene la verdad en las relaciones, pues cada persona es única, y cada cual lleva tras de sí alguna que otra amarga experiencia de pareja. Lo que sí creo que se puede afirmar (al menos así lo afirmo como una pequeña verdad de mi humilde vivencia) es que en una relación de pareja, siempre es conveniente escuchar ambas partes; ambas, vistas neutralmente, son culpables y responsables de lo que como pareja les suceda. Y si llega el final, y es evidente, mejor decir adios con perdón, y mantener sólo los momentos más bellos, enriquecedores y completos.

“Un clavo quita otro clavo”, suele decirse, pero en el caso de las relaciones personales no puede ser así: son únicas e irrepetibles, como las personas que la forman. Aprender de los errores e intentar no volver a cometerlos en nuevas experiencias, forma parte del desarrollo que como individuos nos brinda la vida.

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2 thoughts on “Relaciones: reflejos de amor o miedo

  1. Así también lo creo. Lo ideal sería aprender de los errores en ese aprendizaje y no estancarse en los mismos patrones; por otro lado -más, si así es planteado por ambos- es una estupenda manera de mutuo autoconocimiento.

    Si lo interesante del viaje está en el viaje en sí y no en la meta, al no existir meta que englobe al amor, el proceso (y la felicidad) puede ser… eterno. Gracias Maru, por tu comentario y por tu resumen de las ocho aspiraciones en tu blog.

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