El germen de la paz

Existen dos grandes errores: dejar de honrar y obedecer los dictados
de nuestra alma y actuar contra la unidad.

Edward Bach

Según Amnistía Internacional, hoy en día hay en el mundo medio millón de niños soldados, de los cuales trescientos mil se encuentran combatiendo en ejércitos, milicias, guerrillas, etc; la mayoría son reclutados forzadamente mediante el secuestro. Es un dato drástico pero que indica en qué grado de violencia nos desenvolvemos. Sin embargo, es curioso que ni el diccionario sepa definir con claridad meridiana qué es violencia; “acción y efecto de violentar” o “cualidad de violento” apenas nos facilitan la labor. Quizás una forma de etiquetarla sería encuadrarla en todas aquellas actitudes, acciones, omisiones o pensamientos en los cuales nos convertimos en seres destructivos con el medio que nos rodea, con otros seres vivos, otras personas o con nosotros mismos.

Consumimos violencia a niveles audiovisuales tan constantes e intensos, que parece que las nuevas generaciones se encuentran prácticamente inmunizadas a todo impacto visual, sin comprender en su trascendencia hasta qué punto esa insensibilidad ante el horror, por ficticio que sea, es inarmoniosa e innatural. Son ejemplos resultantes de una sociedad de ansioso consumo, donde lo real y lo ficticio se entremezclan de tal forma -a veces deliberada- que convierte a la violencia y la muerte en entretenimiento, tanto cuando se trata de una película o videojuego, como cuando se informa en los medios -con estética cinematográfica-, de vidas truncadas por acciones violentas.

Como pauta general, la violencia se presenta en la naturaleza como un recurso necesario que suele ser empleado sabiamente por los animales, aunque sea de forma instintiva. En casi todas las circunstancias en las que surge en el medio natural, se limita a un recurso para subsistir, establecer jerarquías o delimitar territorios. Sin embargo, aunque los humanos también somos capaces de emplearla de igual modo, podemos además tanto trascenderla como ser poseídos por ella, por este don (y látigo) evolutivo que nos distingue del resto de las especies.

Ante estas consideraciones, cabe preguntarse: ¿puede darse la posibilidad de que el hombre algún día -a pesar de que prácticamente no lo haya conseguido en toda su historia-, logre vivir en paz consigo, con su condición aparentemente mortal/espiritual, y tras esta aceptación de su naturaleza paradójica se consiga por labor individual mayoritaria que se refleje en el estado global del planeta? ¿Tiene sentido aspirar a ser algún día seres “amorosos” -entendiendo como tales, seres que se aceptan plenamente a sí mismos, a sus congéneres, a los seres vivos y a su entorno-, o  estamos obligados por nuestra propia naturaleza a comportarnos de forma violenta? ¿El germen de la violencia emana del medio natural o social en el que nos desenvolvemos, o realmente se halla latente en el interior de cada ser humano? Si nuestra misión es integrarnos en la armonía en que se desenvuelve la vida y todas sus manifestaciones, ¿es el sufrimiento una llamada interior a recuperar nuestro camino, afín a la armonía del mundo que nos rodea? ¿Podemos delegar el fin de ese sufrimiento a una ayuda externa, o más bien ha de ser una tarea íntima y personal, intentando discernir sobre las fuerzas que motivan nuestro comportamiento inarmónico hasta lo violento?

Posiblemente, mientras sigamos considerándonos e identificándonos como seres aislados e independientes,  limitados por nuestros cuerpos, el avance será más lento, pues al fin y al cabo, la violencia en la que participamos o de la que somos testigos refleja el miedo a la vulnerabilidad de nuestros cuerpos: a la fragilidad de nuestra propia existencia.  El miedo alimenta a la violencia: el miedo a la muerte, el miedo a los otros, el miedo a Uno mismo, el miedo a la vida.

La paz por el contrario alienta al amor interno.

He creado este video a partir de una serie de fotografías, algunas de las cuales son parte de ese patrimonio histórico que compartimos como humanos: imágenes que han marcado un antes y un después en su tiempo. La empatía humana nos une a todos al margen de épocas, razas o creencias. Es comprensible, por esta empatía que nos hace humanos, que sintamos rechazo ante algunas de estas imágenes, como  también que esta secuencia fotográfica  y su mensaje se interprete de una u otra manera. La intención no es herir ni culpabilizar, sino intentar interiorizar en nuestro propio germen de violencia.

3 comentarios en “El germen de la paz

  1. SEP~11 ES 1 DE ESAS FECHAS INBORRABLES DE NUESTRO PLANETA TIERRA QUE NOS DEJO FEAS HUELLAS~[poema]CORAZONES HERIDOS Y UNIDOS POR ESTADOS UNIDOS*~1 pueblo de REVELION enluto; NUESTRO CORAZON,mientras que sus dedos y manos planeaban la TRAICION que AFECTO A MUCHOS PAISES HERMANOS;Nos dejaron TURBACION~abrazaron con TRAICION Y ENGANO;a pesar de tanta FUSTRACION;GENERACION CON GENERACION Y CALENDARIO MAS CALENDARIO NOS AMAMOS!???porque????PORQUE DIOS EL TODO CREADOR JAMAS ABANDONARA CON SU AMPARO SU REBANO!~*&!*~~*ATT:::LA LOK~MPARO QUE LES ENVIO A MAS DE 1;MIS DESEOS EN SUPORT,AMOR,FORTALEZA,FE,ESPERANZA,PERDON,GRATITUD[x lo ke teneis y no teneis]BIENAVENTURANZA,POSITIVISMO,QUE TODOS AMAMOS A NUESTRO CREADOR LO MISMO*~sin distincion de raza,color,sexo,religion,o condicion[fisica o espiritual]

  2. Excelente Juan, enorme el trabajo. Subscribo todos tus comentarios. Para mí, efectivamente, lo que me pone más triste es la insensibilidad que hemos ido adquiriendo. Lo normal es ver violencia, el estado normal es escuchar criminalidades constantes… ¡! Una atrocidad. La sociedad está neurótica. Hagamos el amor desde el germen de la paz. Un abrazo.

  3. Hola popularlokamparo, muchas gracias por tu mensaje de amor y concordia. Que así sea.

    Hola José. La insensibilidad está ahí, como de igual modo la necesidad de ir subiendo el grado de violencia según vaya curtiéndose ésta. Vivimos en una sociedad neurótica que no admite la realidad de la muerte y en la que sus habitantes se afanan cada día en llegar a su puesto de trabajo, con una avidez -casi violencia- inconsciente; como si tuviera sentido ese repetir lo mismo, de nuevo, como cada jornada. Es imposible hoy en día conseguir un cambio global, salvo que fuera por razones catastróficas; lo único que está a nuestra mano es intentar en la medida de lo posible que esto no nos trastoque hasta el punto de hacernos perder el mínimo grado de control que hayamos recuperado. Siendo un ejemplo de cierta tranquilidad en nuestra vida cotidiana es posiblemente la mejor manera de contagiar “paz” a quienes mantengamos contacto.

    Un abrazo,

    juan

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