El circo de los elefantes blancos

El Majestuoso Soccer City y niño sudafricano infectado de sida

“Los niños sueñan con jugar en grandes estadios como estos, no en ir a un hospital…”

Danny Jordaan, Director ejecutivo del comité organizador de la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010

En mayo de 2004, Nelson Mandela personalizó la alegría de su pueblo al ser elegida la candidatura de Sudáfrica como sede del mundial del futbol de 2010; el primero que se iba a celebrar en suelo africano. Según él, aparte de las razones puramente económicas y promocionales, este evento fomentaría un futuro más esperanzado para los sudafricanos: “El fútbol era la única alegría que teníamos los presos. Del mismo modo que el fútbol generaba esperanza en la cárcel, la sede del mundial le dará cierto significado a esa esperanza”.


Han pasado seis años y el Campeonato. El tránsito desde ese pasado a este presente ha sido bastante revelador en cuanto al orden de prioridades de los gobiernos municipales sudafricanos y a los intereses de la verdadera gestora y beneficiaria de este macronegocio: la Federación Internacional de Asociaciones de Fútbol (FIFA).

Sudáfrica, con una tasa de paro que oscila entre el 25 y el 40 por ciento, preveía una importante inyección económica gracias a la masiva presencia de turistas, profesionales de los medios y delegaciones de los distintos países participantes. Sin embargo, la afluencia no ha sido tan espectacular -posiblemente por la sensación de inseguridad que transmite el país-, y los beneficios generados por la creación y puesta a punto de la infraestructura necesaria para su celebración, han recaído en un entramado gubernamental y administrativo y en la reciente élite económica del país, centrada ante todo en el sector de la construcción (los llamados “diamantes negros”). Hay que tener en cuenta que aunque en la construcción de los estadios se crearon más de veintidós mil puestos de trabajo, la mayoría fueron de carácter eventual, con salarios mínimos y en condiciones tan precarias que permitieron generar a las compañías constructoras beneficios superiores al doscientos por cien… Resulta curioso, como poco, el hecho de que en un país que ha vivido tan dura e intensamente el apartheid, comience a manifestarse una creciente xenofobia hacia los trabajadores de países cercanos, que trabajan por menos dinero (aún) del que la base laboral sudafricana percibe (Millones de trabajadores subsisten en mugrientas chabolas carentes de luz y agua.)

En 1980 Sudáfrica era un estado paria que reducía a su población negra a ser mera reserva de mano de obra barata. El apartheid -un sistema que negaba los derechos humanos más elementales a la población no blanca- había sumido al país en una situación de aislamiento por la repulsa de la mayor parte de la comunidad internacional. Sin embargo, a pesar de que desde 1994 inició la andadura democrática con Nelson Mandela -el primer presidente sudafricano elegido por sufragio universal-, la situación de marginalidad que sufre la mayoría de la población negra no sólo continúa, sino que se ha agravado debido al sida. Según la Agencia contra el Sida de las Naciones Unidas, el sida ha infectado a cinco millones y medio de personas en Sudáfrica, siendo causa directa de la muerte de más de mil sudafricanos cada día. Más de la mitad de las muertes en el país son por causa del sida, ya que Sudáfrica es la nación con mayor número de infectados en el mundo: un veinte por ciento de la población son seropositivos. Y sin embargo, su sistema sanitario es un caos, dependiendo por completo para la asistencia médica de sus enfermos, de la ayuda económica de otros países o de ongs internacionales como Médicos Sin Fronteras… La esperanza media de vida en el mundo es de 67, 2 años: en Sudáfrica apenas supera los 49, por debajo de una treintena de países africanos más pobres como Etiopía, Uganda, Burundi o Sudán. Sudáfrica figura además como uno de los países más violentos del mundo, por encima incluso de Estados Unidos, con casi dieciocho mil quinientos asesinatos al año (18.487) -lo que da una media brutal que supera los cincuenta asesinatos cada día.

Ante este panorama que soporta el pueblo sudafricano, ¿es comprensible que se desvíen fondos destinados a hospitales, vivienda y educación, para construir megaestadios capaces de rivalizar con las construcciones más colosales del primer mundo? Como algunos críticos se preguntan, ¿no se podían haber adecuado las instalaciones e infraestructuras que hicieron posible -y con excelentes resultados- la Copa del Mundo de Rubby en 1995 y la Copa Fifa Confederaciones en 2009? Da la impresión de que tras la fiebre colorida del mundial y de los diferentes “podemos” nacionales, este macroevento sólo habrá servido para constatar el hecho de que la corrupción no distingue razas ni naciones. Corrupción que en su ceguera, ha sido capaz de arrasar en una zona infectada por la pobreza con su única escuela, para construir en su lugar una mole mastodóntica de hierro y cemento que sólo tendrá vida durante unas pocas horas en el campeonato. Posteriormente se convertirá en un mudo, inservible y triste símbolo de su sinsentido; hará compañía en su soledad al resto de “elefantes blancos”, como allí se denomina despectivamente a estos macroestadios.

La sangre de los elefantes blancos

Según el sociólogo Ashwin Desai, la Fifa dictaminó expresamente en algunos documentos que no se podían construir estadios al lado de chabolas: “no podemos mostrar al mundo esta clase de pobreza”.

La Fifa prevé que este mundial será seguido por mil millones de telespectadores. Sin embargo, Sudáfrica no participará de los miles de millones de dólares que la Fifa recibirá en conceptos de derechos, especialmente los televisivos. La propia Federación estima que éstos superarán con creces los veinticinco mil millones de “rands”, la moneda sudafricana (aproximadamente, dos mil quinientos millones de euros); una cifra que supera la suma de los ingresos por el mismo concepto de los mundiales del 2002 y 2006 juntos. Aunque sin apenas trascendencia en los medios, también se estima que las emisiones de CO2 en el Mundial de Sudáfrica serán seis veces superiores a las del último Mundial en Alemania, según afirma un estudio del gobierno noruego

La prioridad en ofrecer un buen espectáculo en vez de dotar de un sensato plan de infraestructuras al país anfitrión –aun si éste no sabe o no quiere velar por sus intereses-, se evidencia en algunos detalles como en el caso de Durban, donde se ha construido un nuevo estadio al lado del que fue utilizado para una semifinal de la Copa del Mundo de rubby, el Kings Park Stadium, con capacidad para cincuenta mil personas. Su presupuesto ascendió de 38 millones a 700 millones de rands sólo en su primera fase… Sin embargo, el caso más vergonzoso de todos los ocurridos tuvo como protagonista la municipalidad de Mbombela. Allí, en medio de una zona bastante deprimida, carente de suministro eléctrico y de agua potable, se alzó el Mbombela Stadium. El terreno donde se construyó, una enorme extensión de tierras ancestrales de la comunidad Matsafeni, fue vendido mediante engaños por un rand (10 céntimos de euro). Un juez canceló el abusivo acuerdo y equiparó el valor del nuevo contrato a más de un millón de dólares americanos, añadiéndose además la obligación de reinstalar la escuela que allí existía y dotar de una red de alcantarillado y suministro eléctrico a toda la zona… Y es que la única escuela existente fue derruida para comenzar la construcción del estadio. El edificio anexo, que servía de dormitorios y lugar de estudio a los estudiantes, fue en un primer momento ocupado por el personal de las distintas constructoras; luego, derruido por completo para construir una explanada asfáltica destinada a convertirse en el parking del Estadio Mbombela. Los niños y profesores, mientras, han continuado sus clases en cubículos metálicos prefabricados, ubicados en un solar por el que en un futuro inmediato pasará una calle. Los estudiantes subsisten en sus estudios día a día sin apenas ventilación, a pesar de que el primer compromiso de las constructoras fue dotarles de aire acondicionado que les hiciera más soportable el tremendo calor y el hacinamiento.

Al comprobar que la situación persistía sin arreglo, los padres y alumnos realizaron huelgas y protestas cada vez más airadas, hasta llegar a violentas manifestaciones que fueron reprimidas de igual modo; ellos con piedras, y los policías con balas de goma y allanamientos de morada en plena madrugada. El entonces alcalde de Mbombela, Joseph Dladla, fue suspendido del cargo por dejar al municipio sin fondos; su sustituto, Justice Nsibande, fue despedido por idéntico motivo, quedando el municipio bajo control administrativo central.

El presidente de la Asamblea Municipal, Jimmy Mohlala, fue asesinado a tiros en su casa en enero de 2009. Había denunciado éstas y otras graves irregularidades y estaba dispuesto a dar nombres. Aunque era una persona estrechamente vinculada al Mundial, su asesinato no fue siquiera mencionado en la página oficial de la Fifa.

A pesar de todo esto, es también muy cierto que el fútbol en Sudáfrica se vive de una manera profunda, única y especial. De hecho, su constitución comparte los mismos valores esenciales -y a dos de sus artífices- que la primera Liga de Fútbol que se les permitió organizar a los reclusos en Sudáfrica. Esto sucedió en la cárcel de la Isla de Robben Island (declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO; la isla, por supuesto), donde Nelson Mandela permaneció dieciocho de los veintisiete que estuvo preso por oponerse a la política de apartheid.

En tres ocasiones los prisioneros de Robben Island habían solicitado crear una liga de futbol gestionada por y para los presos, siéndoles siempre denegado. Sin embargo, en 1967, ante la inminencia de un cambio político, se les permitió crear la que se llamaría “Liga de la Asociación Makana de Futbol”, en memoria de un líder tribal, Makana, que fue de los primeros en ser apresados por su manifiesta oposición al colonialismo. La Liga Makana creó una sociedad entre árbitros, jugadores y administrativos, con la idea de que una vez libres pudieran aplicar a la vida civil los valores por los que trabajaban, así como sus conocimientos. La Liga fue en los hechos una plataforma de actuación sociopolítica y una vía humana para no perder su identidad ni su dignidad dentro de la cárcel. Tuvo mucho que ver en la redacción y contenido de su Constitución, junto con Nelson Mandela, Dikgang Moseneke, quien también participaría en la nueva Constitución de Sudáfrica, firmada en 1998, compartiendo por tanto ambos textos el mismo espíritu y la misma idea de nobleza.

En estos cruces de contrastes que nos brinda la vida –y que se hacen más escandalosamente evidentes en un país como Sudáfrica- podemos por un lado soñar en ganar el Mundial por aquello de la “roja” (la “gualda” se la reservarán los jugadores, los medios y otras empresas), pero no por ello, como individuos en sí, al margen de nuestra nacionalidad, tenemos que ignorar la realidad que sucede tras estos eventos. No se trata de juzgar: el mero hecho de ser conscientes, de no negar lo que sucede -de darnos cuenta-, iniciará por sí mismo el camino en éste y en otros asuntos públicos en los que como sociedad nos cegamos cobardemente –cobardía, casi siempre inconsciente- a intentar comprender si quiera en esencia el porqué de lo que nos sucede.

Bien es cierto que, mientras, reflejado en todos los países del mundo, se hace realidad una gran verdad: “la gente necesita una válvula de escape, un espacio, una catedral donde adorar algo”. El negocio de los deportes de masas sirve este circo de colores en bandeja.

Fuentes: “Sudáfrica Fahrenheit 2010” e internet

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3 thoughts on “El circo de los elefantes blancos

  1. Esta vision mostrada en cuanto a la miseria que durante muchos años, los paises poderosos, le han inflingido al Africa, sigue campeando con la conplacencia de resto del denominado mundo civilizado. El atraso en todos los ordenes de esa sociedad, no resiste el menor análisis y para completar el macabro cuadro, se han implantado siete bases militares en Colombia, con aviones capaces de atravesar el gran “charco” y tomar por asalto a ese continente, Fue denigrante ver a Chakira entonando la cancion delk campeonato de futbol, cuando debió ser una africana. Hasta esa oportunidad se la quitaron.

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