Cambios

Vivir conlleva transitar una constante sucesión de cambios. Hasta los fenómenos que supuestamente marcan el inicio y el final de nuestras vidas no dejan de ser tránsitos en sí mismos, por lo que bien pudiera afirmarse que toda la Manifestación de toda la Existencia en todos sus procesos transcurre bajo la perenne acción del cambio. Todo cambia en todos los niveles, permanentemente. Tanto si se observa el funcionamiento del Universo bajo parámetros cosmológicos como si se intenta fragmentar un femtosegundo*, el fenómeno constante del cambio siempre estará presente.

Millones de cambios suceden constantemente en nuestro cuerpo, aunque no seamos en absoluto conscientes de ellos. De hecho, nuestro cuerpo, como agrupación de trillones de células –distribuidas entre doscientos seis huesos, quinientos músculos, once kilómetros de fibras nerviosas o mil trescientos gramos de cerebro- constituye en sí mismo, por el propio dinamismo de su existencia, un milagro que a cada instante se nos recrea, como la sangre que recorre nuestras venas. Sin embargo, es curioso que siendo fundamento de vida, seamos tan poco proclives a aceptar el cambio y asumir sus consecuencias.

Esta característica del cambio inherente al fenómeno de la vida, se desarrolla desde dos grandes variantes. Una, el cambio cotidiano, constante y paulatino por el que los seres vivos y las “cosas” se van modificando como reacción natural al ciclo de su manifestación: desde que surgen y se desarrollan hasta que decrecen, mueren y desaparecen. Es un cambio imperceptible, sin alertas ni sorpresas, del que sólo podemos tomar cierta consciencia si tenemos la posibilidad de observar su secuencia temporal acelerada (hablamos por ejemplo de la maduración y putrefacción de un fruto, de los ciclos climatológicos estacionales, o de los periodos de infancia, adolescencia, juventud, madurez y senectud en los seres vivos). Porque si no, observándolos desde la única realidad del instante presente, estos cambios resultarían -como resultan- inapreciables a nuestros sentidos.

Junto a esta clase de cambios paulatinos que constituyen la base de la manifestación, de cuando en cuando la inefable inteligencia que regula la Manifestación en todos sus niveles dicta un cambio brusco, radical, excepcional: una catarsis necesaria para restablecer el equilibrio de la existencia. Desde la perspectiva de la percepción humana que los considera “desastres” naturales, constituyen en los hechos cambios tan radicales como necesarios. Algo bien distinto son los desastres provocados directa o indirectamente por la acción o inventiva humana. En ambos casos la inteligencia evolutiva actúa en consecuencia; en el primero, como voluntad equilibradora; en el segundo, como sabia reacción que intenta recuperar cuanto antes el orden equilibrado que permita perpetuar la manifestación de la existencia. En todos los casos, al margen del tiempo y  de los procesos que resulten necesarios, la vida tenderá de nuevo a manifestarse, a afirmarse, adaptándose en sus formas y mecanismos a las circunstancias cambiantes.

Podemos llegar a la conclusión de que el cambio es inherente a nuestra condición de seres vivos y de que nos ha tocado vivir un periodo especialmente proclive a los grandes cambios: a aquellos que desembocan en una serie de fenómenos catárquicos y que quizás puedan llegar a ser considerados como desastres desde la perspectiva y dolencia humana. Para el geólogo Gregg Braden, es incuestionable que nuestro planeta está atravesando el proceso de una inversión electromagnética en sus polos que afectará directamente a la Humanidad y a toda la vida en la Tierra. Según esta perspectiva, el proceso por el que este cambio afectará a nuestra “conciencia” resulta tan inevitable como los cambios globales que modificarán de forma importante la estructura de la superficie terrestre. Su consejo para que dicho cambio de conciencia no se nos resista y n0 nos cause sufrimiento innecesario, es aparentemente bien sencillo: Siendo honestos, dignos de confianza, considerados, cariñosos y compasivos, viviendo esto cada día, ya estamos preparados para cualquier cosa que posiblemente pueda venir en el 2012 o cualquier otro día de otro año o en cualquier momento de nuestro futuro”.

El conflicto lo genera la negación al cambio, generalmente una negación motivada por el  miedo al riesgo. Como bien sabemos, lo que más tememos es lo que ignoramos. Por eso la mayoría de las personas rechazan este fundamento de vida que es la incertidumbre del cambio. Por eso la mayoría preferimos normalmente que otros tomen la responsabilidad al decidir por nosotros, o nos dejamos llevar por el peso de la rutina con la confianza de que las cosas por sí mismas irán encontrando su rumbo, y al hacerlo, la propia dinámica de los cambios nos obligará a ir cambiando en sintonía a ellos. A veces, junto con el miedo nos impide cambiar la tristeza, generalmente porque no queremos desprendernos de algo o alguien que ha formado parte de nuestra vida. Suelen ser cambios que nos forjan al hacernos experimentar situaciones que generan emociones contradictorias. Saber trabajarlas -aceptándolas y trascendiéndolas- nos maduran como personas.

Toda la Vida es cambio constante sobre bases inmutables… Resistirse a lo que es, significa luchar contra la inevitable ley del cambio: la ley que hace posible que todo evolucione como respuesta a una crisis -a una situación desconocida que nos exige adaptarnos. Por eso resistirse suele generarnos miedo, que a su vez acrecienta la resistencia a modificarnos.

Sin embargo, bien mirado,  la vida no nos quita nada que realmente podamos decir que sea creación y posesión nuestra, incluido algo tan personal como nuestro “propio” cuerpo… La vida, en su breve chasquido de un instante presente, nos da la dicha de jugar a trascendernos en el camino para descubrir el juego. En ambos casos, llegado al punto de la “muerte” en el nivel en que ésta se produzca, se nos liberará del miedo. Comenzará entonces un nuevo ciclo de cambios sobre cambios eternos.

Composición a partir de la obra “Las hermanas Brown”. Desde 1975, Nicholas Nixon realiza todos los años una fotografía de su mujer Bebe y sus cuñadas Mimi, Laurie y Heather. Las cuatro mujeres aparecen retratadas siempre en el mismo orden, mirando al objetivo. 

La serie esta considerada una de las piezas más importantes de la fotografía contemporánea, y forma parte de las colecciones más importantes, como la del MoMA de Nueva York, donde se presenta en la colección permanente, la de la National Gallery de Washington, el Museum of Fine Arts de Houston, el Fogg Art Museum de Cambridge.
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*”Un femtosegundo es la unidad de tiempo que equivale a la milbillonésima parte de un segundo”.

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