Las expectativas

A todos sin excepción nos ha ocurrido que las personas o circunstancias no se han adaptado a la realidad que imaginábamos.  En los hechos, esta aparente desilusión nos invita a plantearnos hasta qué punto intentábamos que el mundo y las personas se comportaran según la idea que teníamos de ellos mismos.

Si queremos dar un paso más, también podríamos preguntarnos hasta qué punto cuando albergamos expectativas lo estamos haciendo nosotros mismos o una idea con la que se identifica nuestro juicio.

Aceptar que las cosas sean como son -que sean, sin más juicio- reduce considerablemente la tendencia a prejuzgar el presente que ahora es futuro, y sobre todo resta vida y energía a la idea que piensa por nosotros mismos.

Esta actitud aleja la tensión, previene de desilusiones, da libertad para que sucedan la infinidad de variantes, y sobre todo y ante todo,  nos hace vivir más plenamente la única realidad posible: la que sucede en el presente, instante a instante.

9 respuestas a “Las expectativas

  1. ¿Podemos no tener expectativas? Me resulta difícil contestar a esta pregunta. Una cosa es aceptar que la realidad es como es, que si ha sucedido no sé qué es por algo y está bien, etc, pero otra es no esperar nada! ¿Cómo lo ves Juan? 😉

  2. Pues yo lo veo peor que la chica con el gato 🙂

    Fuera bromas, creo que no aclaré bien el concepto. Me refería a las expectativas frente a los otros o a las circunstancias.

    A raíz de tu comentario miro en el DRAE y encuentro estas dos acepciones:

    1.Esperanza de realizar o conseguir algo.
    2. f. Posibilidad razonable de que algo suceda.

    O sea, que podría distinguirse entonces entre esa esperanza sana, seria, madura, adaptada a la realidad de los hechos, y la esperanza en que otras personas o las circunstancias en sí se precipiten a nuestro favor por razón de ombligo : )

    Me he acordado a raíz de lo que comentamos del conocido cuento zen del “quién sabe”

    http://blogs.larioja.com/rem/2011/04/02/cuentos-zen-buena-suerte-o-mala-suerte/

    Un abrazo.

  3. Pues es muy buena la pregunta de Jose Ignacio 🙂 aun con las distinciones.
    Creo que de primeras y genuinamente, las tenemos de forma innata…otra cosa es, el trabajo de reflexión que si no existe, puede ser que alimente la expectativa, pero de forma insana e inmadura. Lo mismo es parte del camino el hacértelas para luego deseengañarte y aprender que no hay que crearse expectativas.
    Aunque, sigo preguntándome ¿qué seriamos sin expectativas, sanas, maduras …? Que rollo me ha salido

    Saludos 🙂

    • Cierto Isabel. Supongo que como en todos los aspectos todo se refiere a la intensidad, al deseo, con que se viven esas expectativas. Si nos ciegan y luego la realidad toma otro rumbo, podemos aprender, como bien dices. Lo malo es cuando estas expectativas constituyen nuestro fundamento de vida o, peor aún, nuestra injusta justificación de nuestros errores (mala suerte, mal momento, malas compañías).

      La expectiva como aspiración no sólo es necesaria sino acicate de la evolución.

      Un abrazo.

  4. “Dios,concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar;el valor para cambiar las que puedo modificar y la sabiduría para distinguir la diferencia…;gozando de cada momento presente;aceptando las adversidades como un sendero que conduce a la paz….”

    Es el comienzo de la llamada “Oración de la serenidad” (Reinhold Niebuhr).

    A veces, la línea que separa al dejarse llevar, de la desidia y pereza ,puede ser tan tenue que,creyendo estar en el primero,pisamos y nos movemos en lo segundo.
    Interesantes tanto el tema como la pregunta de J.Antonio y las respuestas subsiguientes.

    • La oración completa :

      “Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para conocer la diferencia; viviendo un día a la vez, disfrutando un momento a la vez; aceptando las adversidades como un camino hacia la paz; pidiendo, como lo hizo Dios, en este mundo pecador tal y como es, y no como me gustaría que fuera; creyendo que Tú harás que todas las cosas estén bien si yo me entrego a Tu voluntad; de modo que pueda ser razonablemente feliz en esta vida e increíblemente feliz Contigo en la siguiente. Amen”.

      Cierto lo que apuntas cristian. Más, cuando por nuestra cultura occidental nos cuesta disociar “vivir” de “hacer”. Quizás, como paradoja en este mundo de paradojas, la expectativa ideal sería mantener una atención observadora, calma, constante y atenta, con el deseo de que las cosas que han de ser puedan surgir de nuestro fondo sin demasiadas interferencias por parte de nuestras expectativas y exigencias sobre cómo debieran suceder las cosas o actuar las personas.

  5. “Quién sabe” como dice tu cuento zen…
    O… “Que sabe nadie” como dice esta hermosa y sabia canción…
    Sino prejuzgasemos sin saber lo que pudiera o pudiese estar detrás de la desilusión de esas expectativas, creadas a veces desde nuestro ego, seguramente no experimentaríamos un sentimiento de fracaso hacía algo o alguién, gratuitamente. Un abrazo.

    • Cierto Esencia. De hecho, la frecuencia e intensidad con que se tiende a prejuzgar a las personas y a las cosas es claro indicador de cuán duro nos juzgamos a nosotros mismos; o al menos, de cuán duro ese pensamiento que habla por nosotros se retroalimenta justificando su perspectiva -incluyendo sus expectativas- de la vida, de las personas y de las cosas.
      Abrazo y gracias por el regalo 🙂

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