“Cristo es el nuevo sol”, por Ramón Guillén

Obra de Nicomedes Go
Obra de Nicomedes Gómez

Dejados tras de sí los días de celebración de la pasión y muerte de Cristo resucitado, algunos católicos amantes de la cristología y la soteriología ―como servidor― echamos de menos una distinción por parte de las autoridades eclesiásticas, de las tres divisiones que podríamos obtener de Jesucristo: el «Cristo lunar de la fe» (el celebrado en Semana Santa), el «Jesús de la historia», y el «Cristo solar o esotérico».

En este sentido, da la sensación que cualquier intento de reivindicar la figura solar de Jesús el Cristo, opuesta tanto a la del Cristo lunar predicada por Saulo de Tarso como a la del Jesús de la historia, ha de darse de bruces, no únicamente con la oposición, o, cuando menos, reticencia de la Iglesia Católica, sino también con la de los mismos cristólogos e historiadores católicos, quienes rechazarían así mismo una figura gnóstico-esotérica de Jesús el Nazareno basada en el mito, la alegoría y el símbolo. Continúa leyendo “Cristo es el nuevo sol”, por Ramón Guillén

“De Maestros y Discípulos”, por Cristia

Todos somos maestros y discípulos.

Ser maestro es fácil, muy fácil. Nacemos, vivimos y morimos siéndolo sin que tengamos que hacer nada especial para ello.

Ser discípulos es más difícil porque sólo nacemos con la semilla que habremos de desarrollar con nuestro trabajo, si así lo deseamos.

El maestro, el Portador de la Enseñanza, está por doquier, pero el discípulo despistado, aletargado, distraído, inmaduro…no lo percibe y, en consecuencia, aquélla -la Enseñanza- no es aprovechada. Continúa leyendo “De Maestros y Discípulos”, por Cristia

2011

“Yo creo que el Alma, el espíritu de todos los seres humanos, forma como un tejido poderoso que envuelve todo el Planeta y que de alguna manera es el que pervive… Yo creo que quien aporta más a esa alma colectiva, a ese acervo cultural colectivo, a ese ser vivo palpitante, impalpable, que es el ente de la cultura viviente universal, de alguna manera pervive y de alguna manera obtiene un billete para la eternidad”.

Félix Rodríguez de la Fuente

Nadie duda que vivimos inmersos en un periodo de  cambios profundos a nivel mundial. Estamos siendo testigos y partícipes del ocaso de un modo de entender la vida en sociedad; de sobrevalorar de forma enfermiza la realidad puramente material de nuestra existencia así como la del resto de seres vivos y del medio que nos rodea; de encerrar todo nuestro potencial humano y el misterio de nuestra identidad en los límites de un ente corpóreo (identidad que se minimiza hasta ser reducida a mero código numérico cuando por conveniencia de grupo devenimos en ciudadanos). El ocaso de un sistema obsesionado por convertir la productividad en un fin en sí mismo, por muy perniciosos y autoaniquiladores que sean sus efectos. El ocaso de unos patrones de pensamiento establecidos y reglamentados como dogmas por unas jerarquías religiosas, políticas y sociales que se han quedado obsoletas y en muchos aspectos huérfanas de significado. Una época, en suma, de desfase y desilusión, donde se manifiesta en todos los niveles una paulatina y creciente consistencia de este “fracaso” global.

Sergey Brin, cofundador de Google, resumió la realidad que ha marcado en gran medida el transcurso de estas últimas décadas y que ha propiciado nuestro lento pero continuo proceso de desmoronamiento: “Hace diez años un investigador de la Universidad de Stanford no tenía el mismo acceso a información que hoy día cualquiera puede tener en un cibercafé de Bangladesh”. Así de poderosa es -aún- la capacidad de Internet. Como ejemplo: gracias a esta herramienta muchos hemos conocido el dato de que en la sabiduría milenaria china -representada en la simbología de sus caracteres idiomáticos-, el equivalente hànzì de la palabra “crisis” está compuesto por dos ideogramas que expresan el “peligro” y la “oportunidad”, aportando con esta elección la enseñanza de que toda crisis trae pareja una latencia, un potencial de mejoramiento y evolución. Si esto es cierto -y suponiendo que exista una proporcionalidad entre el grado de intensidad y el potencial de oportunidades que la crisis trae consigo-, podemos afirmar que estamos atravesando un tiempo de oportunidades cruciales que derivarán en un nuevo ciclo histórico a nivel mundial. Muchas personas no dudan en afirmar que vivimos los albores de un nuevo Renacimiento que ampliará y profundizará las posibilidades de compresión del ser humano ante su propia naturaleza, así como la aceptación de ciertas realidades fenoménicas que aún chocan con el actual planteamiento lógico racional con que el ser humano interpreta el aparente orden que rige la Existencia. Continúa leyendo 2011

Marta y María, por Cris

"Cristo en casa de Marta y María", de Velazquez

Amor a Dios y amor al prójimo; vida de oración y el servicio a los demás; estar arraigado en Dios y vivir en el mundo; vida contemplativa (simbolizada por María) y vida activa (simbolizada por Marta)… ¿antagónicas o complementarias?…

Quizás una forma de equilibrarlas en nuestra vida, y poder vivirlas plenamente, sea la recta comprensión y consiguiente puesta en práctica de lo que silencio, soledad y oración representan realmente. Todo un reto.

He aquí lo que opinan algunos místicos.

“Una de las paradojas de la vida mística es que una persona no puede entrar en el centro más profundo de sí misma y pasar a través de ese centro hasta Dios,si no es capaz de salir por completo de sí misma, vaciarse y darse a otras personas en la pureza de un amor desinteresado.

Por eso, una de las peores ilusiones de la vida contemplativa sería tratar de encontrar a Dios replegándose dentro de la propia alma, aislándose de todas las realidades externas por medio de la pura concentración y fuerza de voluntad, separándose del mundo y de los demás encerrándose en la propia mente y cerrando la puerta a lo exterior”

Thomas Merton Continúa leyendo Marta y María, por Cris