https://viajederiddhi.juanarmas.es
Hace casi un año migré este blog a un nuevo hosting. Quiero contarte por qué lo hice, cómo fue el proceso y qué aprendí, por si en algún momento te toca vivir lo mismo y quieres evitar errores.
¿Por qué cambié de hosting?
Durante los últimos meses notaba que el blog se estaba volviendo más lento y a veces aparecían pequeños fallos de conexión. Pero esa no era la única razón.
En la antigua plataforma no tenía la libertad absoluta para modificar el blog a mi gusto: algunas funciones estaban limitadas, había elementos que no podía personalizar, y cualquier cambio dependía de lo que la propia plataforma permitiera.
El cambio de hosting no es solo una cuestión técnica. Es también una forma de ganar autonomía y cuidar mejor este espacio: una web rápida, estable y flexible no solo facilita la experiencia de lectura, sino que además me permite crear y compartir sin barreras innecesarias.
Es cierto que supone más trabajo —y más aún si no eres experto en la materia, como es mi caso—, pero al mismo tiempo se convierte en una oportunidad de actualizarse en conocimientos que terminan siendo muy prácticos.
Problemas comunes al migrar un blog en WordPress
La migración no siempre es sencilla, sobre todo cuando se trata de un blog con bastante contenido.
Estos son algunos de los puntos que suelen dar guerra —y que también me encontré en el proceso—:
- Los DNS pueden tardar en propagarse, a veces varias horas o incluso un par de días.
- Algunos plugins dejan de funcionar como antes y toca revisarlos uno por uno.
- La temida pantalla blanca de error puede aparecer si no se copian correctamente los archivos o la base de datos.
Por eso es clave mantener la paciencia y hacer pruebas hasta que todo vuelva a estar en orden. Y, por supuesto, la copia de seguridad previa es innegociable: es lo único que te evita dolores de cabeza o la tristeza de perder una parte importante de tu trabajo simplemente por no haberla protegido.
Si en algún momento decides migrar tu web, aquí van algunas recomendaciones que me sirvieron
(No son todas las posibles, pero sí las que tuve que lidiar y que me ahorraron más de un dolor de cabeza):
Haz una copia de seguridad completa antes de mover nada. Parece obvio, pero con las prisas o el agobio es fácil olvidarse. Y no solo una: conviene ir guardando varias copias en distintos momentos y borrar las viejas, sobre todo si los cambios que vas a hacer son relevantes.
Prueba la web en un entorno temporal (staging) si tu nuevo hosting lo permite. En la práctica, es una copia paralela de tu web en una dirección privada. Ahí puedes instalar plugins, toquetear el diseño o ensayar la migración sin miedo a romper tu web real. Piensa en ello como en un banco de pruebas: si va bien, aplicas los cambios en la versión pública.
Comprueba los enlaces internos y las imágenes después de la migración. Es un trabajo de “costurero chino”, pero necesario. En mi caso, con más de 700 entradas era imposible revisarlo todo al detalle. Así que, al menos, verifica los enlaces principales y elimina aquellos que lleven a páginas caducas o con errores.
No olvides redirigir los correos asociados al dominio (si los usas). Durante un año contraté el servicio de redirección para que las búsquedas en el dominio antiguo llegaran al actual. Cuesta poco, se aplica casi al instante y da un margen de tranquilidad mientras Google se va enterando del cambio.
Con estos pasos evité la mayoría de problemas y gané tranquilidad. Seguro que hay más cosas a revisar, pero estas fueron las que más me afectaron y las que realmente me sirvieron.
¿Y ahora, qué cambia para ti como lector?
En principio, no notarás grandes diferencias inmediatas, salvo que la web debería cargarse con más rapidez y funcionar de manera más estable. Lo verdaderamente importante es que este cambio me da más libertad para seguir creando y compartiendo reflexiones, cursos y contenidos sobre una base más sólida y flexible.
Lee los nuevos contenidos de
El Viaje de Riddhi
Ahora puedes leer todos los nuevos contenidos del blog aquí: