¿…?

que sabe

“Todo el concepto erróneo que nos mantiene firmemente en el sentido de estar separados es la idea de que podemos hacer cualquier cosa o la idea de que necesitamos hacer algo. ¿Por qué necesitamos hacer algo? Hay justo lo que está sucediendo. Todo está inmaculadamente completo y sin necesidad”.

Tony Parsons

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“El caballero de la armadura oxidada”, audiolibro

Excelente versión por actores profesionales  de “El Caballero de la armadura oxidada”, de Robert Fisher. Una obra que aborda con humor y con la sencillez expresiva de un cuento el drama que vivimos en mayor o menor grado todos los humanos: la cerrazón de nuestro corazón, por miedo a los otros, a la vida o a nuestro propio misterio. Y su remedio, para romper en diez mil pedazos nuestra coraza: … (leálo para saber la respuesta, que supongo ya intuye, o escuche esta conseguida recreación del Caballero en busca de su Plenitud, aparentemente perdida).

 

 

Adolfito y la confrontación de nuestros miedos

No sabemos si Adolfito tiene realmente tanto miedo a la señora invisible que de cuando en cuando habla dentro del coche, o bien está jugando con la plena entrega con que sólo los niños saben jugar… En todo caso, es un bonito reflejo de nuestra inocencia esencial, especialmente tras caer -como caemos todos en este mundo encarnado- en el juego ilusorio de las apariencias de los sentidos, que nos “muestran” aparentemente la “realidad”; así como el juego -a veces triste y despiadado- de los prejuicios y creencias sobre lo que es la vida, el universo, sobre lo que nos une o nos separa o, simplemente, sobre qué o quiénes somos cada uno de nosotros. Sigue leyendo

Ausencia de Presencia

LUZ

Hay momentos  en que nos sentimos desalentados en medio del camino. Instantes en que parece faltarnos el ánimo para continuar con la marcha en nuestras vidas. La tristeza, la traición, la pérdida, la desconfianza, el miedo, el odio, la apatía… son entre otros los detonantes. Sin embargo, a veces nos sucede sin causa aparente. Momentos en que simplemente nos cuesta asumir la fragil vulnerabilidad humana, como diminutas piezas engranadas en el misterioso, caótico e insondable fluir de nuestra existencia.

Es en estos casos en los que -de forma más auténtica, humilde, intensa y profunda- valoramos el poder de empatía, cuando una persona nos brinda su atención, su escucha, su comprensión, su apoyo, su cariño… Nos brinda justo lo que más necesitamos para recomponer nuestras heridas. No nos sirven tanto en esos momentos de desánimo las palabras que nos enjuician ni los consejos sobre cómo debemos o no actuar… La muda presencia de unos ojos comprensivos ejercen sobre nuestro ánimo una fuerza tal, que no puede equipararse ni al mejor de los discursos bienintencionados ni al más justo de los juicios. Sigue leyendo